No somos conscientes pero a lo largo del día nos han intentado, o conseguido, vender la moto un montón de veces. Sin darnos cuenta hemos ingerido tal cantidad de publicidad que no entiendo como asimilamos más al día siguiente. Parece que todo tiene que ver con el filtro que hacemos al dormir por el cual nos quedamos tan solo con la información realmente relevante y nos despertamos con el “disco” a medias para poder asimilar más y más.

 

Pero no quiero hablar de publicidad sinó de vendedores. Esa raza capaz de venderte lo que sea aunque seas completamente consciente de que no la necesitas. Vienen a la cabeza los vendedores de enciclopedias (venta a la “puerta fria” que llaman) y similares, vendedores de profesión (concesionarios, banqueros, venta de inmuebles), etc… Todos estos tienen en común que disponen de un producto a vender. A mí me interesan aquí los vendedores de ideas.

 

Con un portátil bajo el brazo y creyentes de poseer una buena idea se arman de valor y la exponen a un grupo (generalmente de desconocidos) y tratan de hacerles invertir en ellos. En castellano no sé si existe un término específico (más que presentación a secas) pero en inglés se les llama Keynote.

 

Realmente cuando busco keynotes no estoy interesado para nada en el producto, pero hay que reconocer que algunos se lo trabajan mucho. Quizás en la mente de “los que observan” no se retienen los mejores productos sinó los que mejor han sido presentados.

 

Para dejar un par de ejemplos: el primero es el Identity 2.0, un clásico de los keynotes. Es bueno, divertido, ágil y disfruto mucho cuando lo recupero. El segundo sólo sé que va de pollos y aunque no creo que esté vendiendo ninguna idea concreta hay que reconocer que recoge todos aquellos elementos que hacen que una presentación te venga a la cabeza al despertar al día siguiente.